SÍ HAY TAL LUGAR
b’El suexf1o de una sociedad perfecta ha alentado o perseguido a la humanidad por siglos. Tomxe1s Moro le dio un nombre que delata su naturaleza imposible: utopxeda, el lugar que no es. Las utopxedas han proliferado en las pxe1ginas de los libros; ahxed se han expandido como un gxe9nero literario mezcla de relato fantxe1stico y manifiesto polxedtico. Sin embargo, a lo largo de la historia algunos utopistas han querido dar el salto del papel a la realidad para fundar comunidades que corrijan efectivamente los errores del mundo. Pero xbfquxe9 pasa cuando se materializa una utopxeda? xbfCuxe1nto puede durar? xbfQuxe9 huellas deja una vez que naufraga?nnEn busca de respuestas a estas preguntas y para abrir muchas otras, Federico Guzmxe1n Rubio viajxf3 a siete lugares de Amxe9rica Latina en los que alguna vez intentxf3 levantarse una utopxeda. Y se logrxf3, para bien o para mal. Asxed, visitxf3 destinos tan diversos como las ruinas de Fordlandia, el delirante proyecto de Henry Ford de crear la ciudad estadounidense ideal y proveedora de caucho sin fin en el corazxf3n del Amazonas, o Pxe1tzcuaro, en Michoacxe1n, donde Vasco de Quiroga inventxf3 sus hospitales-pueblo y, sobre todo, una forma de convivencia mucho mxe1s armxf3nica en el Nuevo Mundo. Tambixe9n fue en busca de los restos de Nueva Germania, la colonia aria fundada por Elisabeth Nietzsche en la selva paraguaya, y de la anarquista Colonia Cecilia, donde a finales del siglo xix se practicxf3 el amor libre.nnSxed hay tal lugar fabuloso ensayo nxf3mada nos recuerda que a veces la mejor forma de entender una sociedad es a travxe9s de sus suexf1os mxe1s extremos y osados, de sus pesadillas mxe1s metxf3dicas.’
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