No habitar ya la tierra
b’En este libro la muerte no irrumpe: respira, roe, cuida. Alejandra Lerma escribe desde la fisura que deja el padre, pero tambixe9n desde la materia que permanece. Cada poema levanta una geografxeda xedntima donde el cuerpo se disuelve sin desaparecer. Hay una forma de amor aquxed que no busca redencixf3n, sino lenguaje.nnYenny Lexf3nnnQue los poetas de nuestra lengua suelen encarar la muerte del padre con poemas es cosa bien sabida desde que Jorge Manrique lo hizo a finales del siglo xv. No existe novedad o sorpresa en llevar ese duelo hasta los versos, aunque, como en toda empresa poxe9tica, puede encontrarse en escasas ocasiones una luz derivada del tono o del lugar en que se canta.nnNo veo en el poemario de Alejandra Lerma lo que suele rondar estos paisajes: intentos de catarsis, elegxedas pomposas, capitulaciones ante la adversidad o flagelaciones melodramxe1ticas. Encuentro, sxed, una estupefaccixf3n abrasadora ante la que no cabe respuesta o defensa; un estremecimiento irreparable. La humanidad desnuda y bella, en suma, que, por su desnudez, nos ilumina.nnCarlos Palacio, Pala’
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