La leyenda del santo bebedor
b’Toda la desgarrada dispersixf3n de la vida de Roth se transparenta en esta imagen de un hombre ajeno a cualquier sociedad, visitado por jirones de recuerdos, generosamente disponible respecto a todo lo que le sale al paso.nnLa leyenda del Santo Bebedor fue publicada por primera vez en 1939, pocos meses despuxe9s de la muerte de Roth, exiliado en Parxeds, y puede ser considerada, por muchos motivos, su testamento, la parxe1bola transparente y misteriosa que encierra la cifra de su autor, hoy redescubierto como uno de los mxe1s extraordinarios narradores del siglo XX.nnEl clochard Andreas Kartak, originario como Roth de las provincias orientales del Imperio austrohxfangaro, encuentra una noche, bajo los puentes del Sena, a un enigmxe1tico desconocido que le ofrece doscientos francos. El clochard, que tiene un puntilloso sentido del honor, en principio no quiere aceptarlos, porque sabe que nunca los podrxe1 devolver. El desconocido le sugiere restituirlos, cuando pueda, a la santa Teresita de Lisieux de la iglesia de Sainte Marie des Batignolles. Desde ese momento, la vida del clochard es un continuo acercarse y perderse en el camino hacia la iglesia para cumplir su imposible compromiso. Es como si el clochard deseara una sola cosa en su vida devolver aquel dinero y, al mismo tiempo, no esperase sino ser desviado por innumerables absentas, por mujeres casualmente encontradas, por viejos amigos que reaparecen como comparsas fantasmales. Toda la desgarrada dispersixf3n de la vida de Roth y en especial de sus xfaltimos axf1os, cuando, tambixe9n en Parxeds, encontraba una suprema, xfaltima lucidez en el alcohol se transparenta en esta imagen de un hombre ya tranquilamente ajeno a cualquier sociedad, visitado por jirones de recuerdos, generosamente disponible respecto a todo lo que le sale al paso y, en secreto, fiel a un voto xfanico y aparentemente inxfatil.nnAsimismo, este texto como sexf1ala Carlos Barral en su feliz prxf3logo es un apxf3logo sobre la sacralidad del vino: xabDe cxf3mo el vino transforma el mundo, cambia sus leyes, todas, incluso la virtud de los santos, para hacerlo habitable y grato a los que creen en xe9lxbb.nnxabTodos hemos sido Andreas alguna madrugada, bajo el influjo de la bebida, ebrios de irresponsabilidad, anhelando intercambiar nuestras vidas por el simple deleite de alargar ese instante perfecto que no podemos retener; al final volvemos a casa, nos acostamos y al despertar llega la resaca, esa abominacixf3n que solemos llamar realidad… Que nadie busque moralejas, porque estas son siempre el consuelo de los finales tristesxbb (Juan Pablo Villalobos).nnxabUno de los libros mxe1s importantes del siglo XXxbb (Enrique Vila-Matas).’
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