EL HERMAFRODITA DORMIDO
b’Diariamente iba a examinar, tocar, vivir y besar la Cabeza de Eumxe9nides durmiente, en el Museo Nacional. Allxe1 estxe1 el Hermafrodita dormidox85nnSi me vieras esperando a que el custodio se descuidara, para acariciar la Venus, sobre todo la carne palpitante que tiene entre la comisura de las axilas y los pechos. Da la impresixf3n de que si uno aprieta, la carne resbala.nnEl objeto verdadero de mi viaje fue ir a ver la Venus de Cirenex85 y las otras obras esenciales. Si no enumero tambixe9n las otras Venus, y los galos, y el Hermafrodita, y la Cabeza de Furia dormida yx85 me da remordimiento. Me parece que soy infiel.nnEl objeto verdadero fue ir a ver las Venus, el Hermafrodita durmiente, los galos (dos obras de la escuela de Pxe9rgamo) y la Cabeza de Eumxe9nides. Estas obras griegas y el Moisxe9s de Miguelxe1ngel son toda Roma, la esencia romana.?nnxa1Estas son las esenciales! Solo, despacio, paladeando, tocando. Eso escogxed, y siempre que vaya a Roma serxe1 para verlos; no quiero saber de nada mxe1s. Mientras existan esos mxe1rmoles, Roma serxe1 el centro del universo. Cuando tenga dinero, allxe1 irxe9 a gastarlo; cuando mis deberes me lo permitan, para allxe1 me irxe9, y cuando estxe9 triste, los traerxe9 a mi casa, pues para ello fue que nacxed con imaginacixf3n.?’
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